El anuncio del repliegue de la marcha evista para este 13 de octubre es más que una marcha postergada. Es el fin del bloqueo como instrumento de poder. El evismo, que históricamente doblaba a cualquier gobierno cortando el país, hoy tuvo que retroceder, cambiar bloqueos por una marcha pacífica desde Patacamaya y pedir permiso para protestar. Eso es una pérdida de fortaleza.¿Por qué retrocede? Porque al frente ya no tiene un gobierno débil. Tiene un gobierno con control total. Primero, el control legislativo: Paz llega con el PDC fragmentado, pero hoy el Congreso le responde, le aprobó la ley antibloqueos, créditos entre otras leyes y le sostiene el estado de excepción. Segundo, el control de la justicia: con el nuevo fiscal general alineado a los intereses del Ejecutivo, el Ministerio Público ya no investiga al poder, investiga para el poder, manteniendo vigentes los procesos contra Morales y desactivando a su dirigencia. A eso se suma el respaldo de Estados Unidos con Marco Rubio, que advirtió que no permitirá desestabilizaciones ligadas al narcotráfico.El repliegue en las carreteras es el síntoma, pero la enfermedad del evismo viene de adentro. En los últimos años, el evismo y el socialismo se fueron fragmentando en peleas internas entre Morales, Arce y sus entornos, por candidaturas, por manejo de poder y por el control de las organizaciones sociales. Esa fractura vació al movimiento.Hoy sus principales dirigentes desaparecieron del mapa político. Ya no convocan, no movilizan y no representan a sus bases. El campesino que antes bloqueaba por convicción ahora ve a una cúpula peleada por poder, sin discurso económico y sin liderazgo real en el territorio. Por eso la marcha se posterga: porque ya no hay quien la lidere ni base que la sostenga.
