Pese a meses de medidas, anuncios y promesas oficiales, los bolivianos siguen haciendo largas filas para conseguir gasolina y diésel en todo el país. La escasez de combustible se mantiene y la desesperación crece.La pregunta que hoy repite la gente en surtidores y redes es directa: ¿hasta cuándo? Mientras el Gobierno presenta planes y controles, el desabastecimiento continúa golpeando al transporte, a la producción y al bolsillo de las familias que pierden horas buscando cargar tanque.En lugar de soluciones concretas, el Gobierno está empeñado en culpar a gestiones anteriores por la crisis. El presidente Rodrigo Paz anunció que el problema se resolverá, pero “con mucho sacrificio”, sin aclarar a qué se refiere con ese sacrificio: ¿más alza de precios, más racionamiento, más filas? Al Ejecutivo le queda poco tiempo. Con el estado de excepción vigente hasta el 18 de septiembre, está contra el reloj. Si no resuelve el desabastecimiento antes de esa fecha, el país podría volver a las movilizaciones.
