Transportistas de carga pesada, micros, taxis e interdepartamentales denuncian filas interminables por diésel y el disparo de precios en lubricantes y repuestos que llegan a las nubes. El sector dice basta y advierte que el malestar ya no es solo del volante: el golpe se siente en toda la cadena productiva.Del agro a la industria, de la minería a la construcción, de la producción de pollo, leche y carne hasta el comercio y la logística: todos dependen del diésel y hoy todos pagan más caro. Maquinaria parada, cosechas en riesgo, materias primas que no llegan, mercados desabastecidos y un ciudadano que termina pagando los platos rotos.
