Bolivia es demasiada belleza para tan poco esfuerzo. Mientras el mundo paga fortunas por ver paisajes únicos, aquí el Salar, el Madidi, el Torotoro y decenas de joyas naturales sobreviven sin promoción, sin protección y sin un plan real que las ponga en el mapa.El turismo debería ser el motor que reactive la economía, genere empleo y detenga la fuga de jóvenes. Pero seguimos perdiendo la batalla contra la improvisación: caminos destruidos, falta de seguridad, cero marketing internacional y ecosistemas saqueados. Tenemos oro en nuestras montañas y lo tratamos como piedra. Hay qué reflexionar, hacer un cambio profundo en nuestra sociedad y proteger a nuestra amada Bolivia.
