Bolivia está sentada sobre una mina de oro que se la llevan por la puerta de atrás. Cada año se extraen entre 40 y 50 toneladas del metal, pero los registros oficiales solo reportan 20 a 40 toneladas. La diferencia millonaria desaparece en la informalidad y el contrabando.Según datos, cerca del 80% de la minería aurífera opera al margen de la ley: dragas ilegales en ríos de La Paz y Beni, mercurio que entra a toneladas y oro que sale por rutas clandestinas. Un informe de la Fundación Milenio calcula que el negocio ilegal e informal mueve unos 4.000 millones de dólares al año, mientras el Estado pierde regalías y los ríos se contaminan.El subregistro es tan grave que la importación masiva de mercurio no coincide con la producción declarada. Parte del oro incluso ingresa de países vecinos o sale del país sin control para lavar dinero.
