El pollo desapareció de los platos paceños y con él se fue la paciencia. En el día 34 de crisis, las colas por un pollo a Bs 28 terminaron en empujones y gritos en el centro de La Paz. Familias enteras madrugaron en puertas de la alcaldía y también en el puesto de Emapa, pero la carne blanca se acaba en minutos. “Se acabó el pollo” fue la frase que encendió la molestia.La escasez volvió una guerra conseguir proteína. Compradores desesperados discutieron entre sí mientras la fila rodeaba cuadras enteras. El desabastecimiento golpea directo al bolsillo y a la olla, y cada día sin pollo aumenta la tensión en barrios y mercados. La población paceña ya no aguanta más filas ni promesas: quiere pollo en la mesa.
