Al13 de abril de 2026, la situación para los jóvenes que se incorporan a la Población Económicamente Activa (PEA) en Bolivia es de una incertidumbre estructural. La clase media está «herida», pero los jóvenes son quienes están recibiendo el impacto de una economía que ya no genera las oportunidades de ascenso social de la década pasada. El «título de adorno» es la nueva realidad: tener un título universitario no garantiza un empleo formal. Muchos graduados terminan en el sector informal, con salarios que apenas cubren la canasta básica (Bs 2,750).La frustración es palpable. Los jóvenes de 2026 crecieron viendo una Bolivia en bonanza (2006-2019) y esperaban ese mismo ritmo de consumo. Al encontrarse con una economía en contracción, el optimismo se erosiona: más del 60% de los jóvenes urbanos considera que su nivel de vida será peor que el de sus padres. La «fuga de cerebros» es una realidad: un repunte migratorio hacia países vecinos o Europa, buscando estabilidad monetaria. El refugio digital es otra opción: trabajar como freelancers para el exterior, aunque las restricciones bancarias para recibir divisas en Bolivia al tipo de cambio oficial les restan competitividad.El riesgo social es alto: esta masa de jóvenes frustrados representa un «bono demográfico desperdiciado». Sin canales para emplearse formalmente, aumenta el riesgo de descontento social y la vulnerabilidad ante redes de economía ilícita o empleos precarios extremos.