Japón enfrenta su mayor descenso poblacional desde 1968, con casi un millón de muertes más que nacimientos en 2024, en medio de una crisis demográfica que el gobierno califica como una «emergencia silenciosa». A pesar de promesas de políticas favorecedoras de la familia, como guarderías gratuitas y horarios laborales flexibles, los esfuerzos por revertir la caída de la natalidad no han dado resultados, mientras el país registra su cifra más baja de nacimientos en más de un siglo.