Los debates electorales televisados, antaño eventos mediáticos de gran alcance, pierden influencia frente a las redes sociales, que dictan la narrativa política mediante la inmediatez, la viralidad de clips cortos y algoritmos que polarizan la opinión. Aunque la televisión retiene audiencias masivas, las plataformas digitales generan mayor conflicto y debate activo en tiempo real.Las redes sociales han transformado el debate público, permitiendo que la información dudosa y la desinformación viajen más rápido que los contenidos televisivos tradicionales. Los algoritmos en redes sociales crean «filtros burbuja», donde los usuarios ratifican sus creencias previas en lugar de contrastarlas, dificultando el debate informado.