En La Paz, donde las desapariciones se cuentan por docenas y las fronteras parecen no bastar, un manojo de papeles sostiene la lucha de Doña Rosa: exámenes médicos, capturas de pantalla y nombres que, en un mundo justo, deberían bastar para exigir justicia. Su hija Melina, 19 años, desapareció tras vincularse sentimentalmente en un juego en línea y volvió meses después desorientada, marcada por el trauma y la incertidumbre. Este caso ilumina una violencia nueva: la captación digital que cruza fronteras y una respuesta institucional que, para la familia, llega demasiado tarde.