Donald Trump sigue en la Casa Blanca, pero gobernará los dos últimos años de su mandato con el Congreso en manos demócratas tras perder la Cámara de Representantes y el Senado el 3 de noviembre de 2026. La derrota marca el inicio de una etapa de cogobierno forzado, mayor fiscalización y bloqueo legislativo.Para su gestión, el impacto es directo: su agenda queda frenada. Los demócratas pueden modificar o archivar proyectos, imponer audiencias e investigaciones y trabar nombramientos y presupuesto. Trump conserva el veto, por lo que se anticipa un ciclo de choques, cierres parciales y negociaciones duras sobre impuestos, aranceles y gasto, con más volatilidad e incertidumbre para empresas y mercados.Para sus aliados, el costo es político y práctico. En Estados Unidos, los republicanos pierden capacidad para imponer candidatos rumbo a 2028 y quedan expuestos a investigaciones. En América Latina, gobiernos y sectores afines tendrán que recalcular: un Congreso opositor puede cuestionar acuerdos comerciales, ayuda exterior y cooperación en seguridad, y la Casa Blanca, debilitada, podría endurecer medidas ejecutivas en migración y comercio para mostrar fuerza antes de perder más apoyo
