El camino a Los Yungas es hoy una trampa mortal. Miles de vehículos de alto tonelaje cruzan cada día entre lodo, barro y huecos profundos, a punto de volcarse. Las imágenes son impresionantes y el riesgo crece a cada hora, mientras la vía se vuelve cada vez más intransitable.La mayoría de los que se juegan la vida en esa ruta son productores yungueños que transportan su cosecha a La Paz. Un vuelco no solo significa un accidente, significa perder toda su mercadería, todo el trabajo de meses, toda su inversión.La emergencia reaviva un viejo pedido: carreteras transitables y seguras para Los Yungas. No es solo asfalto, es la vida de miles de familias y la conexión vital de una región productiva que hoy queda aislada entre el barro y el abandono.
