Mientras se discute el fin de la subvención a los combustibles, surge la pregunta ¿Debe mantenerse la gasolina para el transporte público que usa a diario la gente más humilde? Una propuesta sería usar chips para controlar y garantizar combustible subvencionado solo a los choferes del servicio público. La idea es blindar al pueblo. Si se quita la subvención a todos por igual, el pasaje se disparará y el golpe será directo a la familia que toma micro, trufi y colectivo todos los días para ir a trabajar, estudiar y volver a casa.
