Bolivia entró en un círculo vicioso que no tiene freno. Faltan dólares, por eso cuesta importar combustible. Sin diésel se paraliza la producción y el transporte, los costos se disparan y las empresas necesitan aún más dólares para importar. El resultado: mayor presión cambiaria y un dólar que no para de subir.El problema se agrava porque los dólares que entran por exportaciones no retornan con la rapidez necesaria al mercado interno. Con menos oferta de divisas y, al mismo tiempo, importadores, bancos, empresas y ciudadanos compitiendo por comprar dólares, la demanda se dispara.En corto: menos dólares disponibles + más gente buscándolos = precios más altos, diésel más escaso y una economía que se encarece cada día
