Colegios, niños, niñas, adolescentes y jóvenes tomaron las calles para representar lo que el país más necesita hoy: esperanza. Con banderas, bandas y uniformes impecables, desfilaron los que cargan sobre los hombros el sueño de un país mejor.No fue solo un desfile. Fue un grito silencioso contra la crisis. Mientras el desempleo escala, los alimentos suben y la incertidumbre golpea, ellos marcharon con la frente en alto. Son la generación que exige respuestas urgentes, la que todavía cree que Bolivia puede cambiar. En su paso quedó claro: si hay algo que no se ha perdido en estos 201 años, es la fe de los jóvenes en su patria
