Está son las preguntas que se repiten en cada fila, en cada tranca y en cada hogar boliviano. Mientras el país agoniza paralizado, la gente exige nombres, cifras y responsables. No quieren discursos: quieren saber quién toma las decisiones, qué papel juega el poder sindical, si hay acuerdos bajo la mesa y si habrá combustible para sobrevivir.
