Lo encontraron tirado, inmóvil, sin que nadie toque la puerta. Lo daban por muerto. Pero cuando la policía entró a la vivienda de Villa Fátima, ese hombre de 61 años aún tenía aliento. Lo sacaron de entre cuatro paredes, lo subieron a una ambulancia y ahora lucha por su vida en un hospital, solo como estuvo en su agonía.Este caso desnuda una herida que nadie quiere ver: nuestros ancianos muriendo en silencio, sin familia, sin visitas, sin que nadie se dé cuenta hasta que es demasiado tarde. Estuvo horas, quizá días, enfrentando la muerte sin una mano que lo sostenga. La ambulancia llegó, pero la compañía nunca. Hoy respira, pero su historia grita lo que miles de adultos mayores viven cada día: envejecer olvidados, en agonía y soledad.
