Hoy que se recuerda el Día Internacional del Libro, leer cobra más urgencia que nunca. Un libro es refugio contra la prisa, es pensamiento crítico frente al ruido digital y es oxígeno para librerías que luchan por sobrevivir. Abrir una página es resistir: mantiene viva la industria, alimenta la imaginación y defiende el derecho a elegir historias en papel, no solo en pantallas.Las importaciones de libros en Bolivia caen en picada desde 2023 y tocan fondo: de 18 millones de dólares en 2019 bajaron a solo 11 millones en 2025, un desplome del 13%, según el IBCE. El gerente Gary Rodríguez lo atribuye a una menor demanda, al auge de lo digital en colegios y universidades, y al encarecimiento por la escasez de dólares que asfixia a librerías y distribuidores. La crisis ya golpea: menos ventas, menos ingresos y riesgo de libros más caros en estanterías. Solo en estos primeros meses de 2026 entraron 2 millones de dólares en libros. Santa Cruz, La Paz y Oruro concentran el 85% de las importaciones, pero las librerías frenaron pedidos “como medida de cautela” ante la caída del consumo y el dólar por las nubes.